Imagina esto: llega un cliente a tu negocio en Filadelfia, te pide “solo un consejo rápido” o “una pruebita sin compromiso”. Tú, con buena intención, dedicas 15, 20, 30 minutos… sonríes, ayudas, das tu conocimiento. El cliente se va agradecido, pero sin comprar nada. ¿Te ha pasado? Créeme, a muchos de nosotros también. Y la